jueves, 31 de octubre de 2013

Reseña: Si hubiera espinas - V.C. Andrews

Hola! La reseña de hoy corresponde a la tercera parte de la saga Dollanganger, Si hubiera espinas, novela que me ha enganchado tanto como sus predecesoras y que consiguen convertir esta saga en una de las mejores que he leído nunca.

Título: Si hubiera espinas
Título original: If there be thorns
Autor/a: V.C. Andrews
Editorial: DeBolsillo
Pág. aprox.: 416
Precio aprox.: 8.51
Saga Dollanganger
Flores en el ático (Reseña)
Pétalos al viento (Reseña)
Si hubiera espinas
Semillas del ayer
Jardín sombrío
Sinopsis
Tercera entrega de la saga de los Dollanganger, Si hubiera espinas narra la historia de los hijos de Cathy, quien, junto con su hermano Chris, lucha denodadamente por encontrar la felicidad. Sin embargo, el oscuro pasado familiar que les persigue se obstina en convertir el futuro de sus hijos en una pesadilla recurrente... Esta inolvidable saga romántica se completa con las novelas Flores en el ático, Pétalos al viento, Semillas del ayer y Jardín sombrío.

Opinión
Chris y Cathy, ahora Sheffield, viven con los hijos de ésta y son por fin la familia que siempre han deseado ser. Cathy adopta a Cindy, una niña que acaba de quedar huérfana y que le recuerda mucho a su hermana Carrie. Sin embargo, una extraña mujer vestida de negro y su viejo mayordomo se mudan a la casa de al lado, hasta ahora vacía, algo que hará peligrar la vida de los hermanos, pero sobre todo la de Jory, el hijo mayor de Cathy, y Bart, quien se dejará influir negativamente por el criado, cuyo único objetivo es borrar de la faz de la Tierra a los engendros del diablo que debieron morir en el ático.

Si hubiera espinas es la tercera entrega de la saga Dollanganger. Las críticas sobre esta novela eran bastante negativas, ya que decían que la historia que comenzó en Flores en el ático y siguió en Pétalos al viento, iba perdiendo su fuerza a medida que avanzaba y se convertía en una especie de culebrón. Con estas premisas mis expectativas eran muy bajas y no sabía qué podía encontrarme esta vez. Además, que la historia no estuviese contada por Cathy sino por sus hijos me echaba bastante para atrás. Acabo de terminar de leerlo y que queréis que os diga, a mí, a título personal, me ha encantado, incluso me atrevería a decir que me ha gustado más que Pétalos al viento.

Si hubiera espinas está narrado por Jory, el hijo de catorce años de Cathy y Julian, bailarín y su primer marido, y por Bart, fruto de la relación entre la prima ballerina y Bartholomew Winslow, el segundo marido de Corrine Foxworth, la madre de Cathy. Los capítulos se alternan entre uno y otro, lo que nos permite conocerlos a ambos y saber cómo se sienten ante lo que los rodea.

Jory adora la danza, igual que su madre. Es un chico dulce y paciente, características que ha adquirido debido a la influencia de Chris, a quien los niños se refieren como padrastro, en el caso de Jory y tío en el caso de Bart, puesto que Cathy les contó que Bart era hijo de Paul Sheffield, su segundo marido. Jory es un personaje que adoras desde el minuto uno, su forma de ser tan calmada e inocente en lo que se refiere al amor que ve que se profesan sus padres logra cautivar al lector. 

Bart es completamente opuesto a su hermano. Es un niño callado, con mucha imaginación y un carácter frío que logra provocar cierto rechazo. La llegada de sus vecinos, una mujer con un oscuro velo que lo único que deja visible son sus ojos azules y un hombre que dice llamarse John Amos, harán que la existencia del pequeño se tambalee. Pronto las enseñanzas del viejo mayordomo y el diario que éste le hace leer, diario que según le dice John Amos perteneció a su bisabuelo Malcolm Neal Foxworth, provocarán una inestabilidad emocional en Bart que causará que el secreto de sus padres, Cathy y Chris, salga a la luz.

La historia está contada por los hijos de Cathy, sí, pero no penséis ni por un minuto que vamos a perder de vista a nuestra pareja favorita, los muñecos de Dresde. Chris y Cathy son, por fin, la pareja que deseábamos (o al menos yo lo deseaba) que fuesen desde que escaparon de aquél horrible ático. Porque aunque parezca terrible que dos hermanos se enamoren y se quieran de esa forma, la relación entre Chris y Cathy no deja de ser una de las más bonitas con las que me he encontrado. En esta novela son un matrimonio como otro cualquiera, él trabaja como médico y ella ahora es una profesora de ballet, cuidan a sus hijos y llevan una vida absolutamente normal. Jory describe a veces la manera en la que Chris mira a Cathy y te da una alegría por ellos que no puedes evitar. Los niños también nos cuentan que ven a sus padres besarse y oyen cremalleras bajarse, pero bueno aquí lo dejo a vuestra imaginación. En definitiva, que son una de las mejores parejas de la literatura, en mi opinión.


En esta entrega vuelven a estar presentes el odio, la venganza, el rencor, pero también el amor y la pasión, quizás incluso el perdón, todo es posible en la saga Dollanganger. Una tercera parte que está muy a la altura de la anterior. V.C. Andrews vuelve a conseguir una vez más que nos preguntemos qué les pasará a continuación, qué les ocurrirá a nuestros queridos Cathy y Chris, ¿lograrán ser libres para vivir su amor? ¿Serán capaces de dejar atrás la sombra de Foxworth Hall y de su difunto abuelo Malcolm que aún desde la tumba desea ver arder en el infierno a todos los engendros del diablo? La respuesta está en estos maravillosos libros.

Después de Si hubiera espinas la historia de los muñecos de Dresde culmina en Semillas del ayer, libro que aún no voy a leer (aunque no creo que tarde mucho, la curiosidad me puede) porque todavía no estoy preparada para decirle adiós a estos personajes con los que tantos buenos ratos he pasado. La serie también cuenta con una precuela, Jardín sombrío, que nos narra el origen de esta historia, donde comenzó todo. Lo que yo aseguro es que esta saga merece mucho la pena y que pienso releer en inglés, que ya le tengo echado el ojo a unas ediciones muy monas.

Autor/a
Virginia Cleo Andrews fue una escritora estadounidense nacida en Portsmouth, Virginia, el 6 de junio de 1923 y fallecida el 19 de diciembre de 1986. Cuando era una adolescente sufrió una caída que le produjo lesiones que la obligaron a permanecer el resto de su vida en una silla de ruedas. Trabajó como artista comercial mientras publicaba varias novelas cortas y relatos en diferentes revistas hasta que su obra Flores en el ático consiguió el número 1 de las listas y se convirtió en una escritora de éxito. Murió a la edad de 63 años de cáncer de mama.

Gracias por leer...

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